Acabo de leer en El Pais que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía reconoce la objeción de conciencia a la asignatura “Educación para la ciudadanía”.
Mi primera reacción: “¡olé!, menos posibilidades de adoctrinamiento en el cole”. Lo hago público entre mis colegas y uno de ellos dice: “es una mala noticia, los padres no deberían tener derecho a ocultar otras opciones a sus hijos”.
Me siento fatal, hace 5 minutos estaba convencido de que era una buena noticia. Nunca tendré las ideas claras
El problema es que no es blanco o negro, nada es blanco o negro. Surge un dilema importante sobre ciertos derechos civiles:
- ¿el de los padres a “educar a sus hijos en la formación religiosa y moral que está de acuerdo con sus propias convicciones y a la libertad ideológica y religiosa”, o
- el del niño y el de la sociedad a “que los futuros ciudadanos de pleno derecho reciban información sobre convicciones diferentes a las de sus padres”?